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La Coctelera

Mi Guarida

5 Julio 2007

Lestat XVII

El viaje al sur fue un suplicio. El aeropuerto, que acababa de abrirse luego de repetidas tormentas, rebosaba de ansiosos mortales que esperaban sus vuelos largamente demorados, o bien que iban a recibir a sus seres queridos.

Gretchen dejó escapar las lágrimas, y yo también. Se había apoderado de ella un miedo terrible a no volver a verme nunca más, y traté de tranquilizarla asegurándole que iría a la selva de la Guyana Francesa, a visitarla a la misión de Santa Margarita María. Guardé en el bolsillo la dirección escrita, junto con los números de la casa matriz que la orden tiene en Caracas, desde donde las hermanas me podrían orientar para que encontrara el lugar por mis propios medios. Ella ya había reservado un vuelo para emprender esa misma noche el primer tramo de su retomo.

—¡De alguna manera tengo que volver a verte! —dijo, con una voz que me partió el alma.

—Me vas a ver, ma chèrie. Te lo prometo. Voy a buscar la misión. Te encontraré.

El vuelo fue un infierno. Viajé medio atontado, esperando a cada momento que explotara el avión y mi cuerpo mortal estallara en mil pedazos. Beber grandes cantidades de gin tonic no consiguió aliviar mi miedo, y cuando lograba no pensar en ello unos instantes, era sólo para obsesionarme con las dificultades que debería enfrentar. En mi departamento, ubicado en una azotea de Nueva Orleáns, por ejemplo, tenía muchísima ropa que no me iba. Además estaba acostumbrado a entrar directamente por una puerta que había en la azotea, y no tenía llave de la puerta de calle. De hecho, la llave se hallaba en mi lugar de descanso nocturno, una cámara secreta del cementerio de Lafayette a la que no era posible acceder con sólo la fuerza de un mortal, ya que estaba bloqueada por varios portones que ni una banda de varios humanos podría haber abierto.

¿Y si James había andado antes que yo por Nueva Orleáns? ¿Y si había saqueado mi departamento y se había llevado todo el dinero que yo ocultaba allí? No era muy probable, no. Pero había robado todos los archivos de mi desventurado agente de Nueva York... Oh, mejor pensar en que explotara el avión. También estaba el problema de Louis. ¿Y si no lo encontraba? ¿Y si...? Así seguí durante casi las dos horas.

Por último realizamos el descenso, difícil, estrepitoso, aterrador, en medio de una lluvia de proporciones bíblicas. Recogí a Mojo, deseché la jaula y audazmente lo subí conmigo a un taxi. Y ahí partimos en plena tormenta. El chofer corrió todos los riesgos que se le presentaron, por lo cual a cada instante Mojo y yo terminábamos arrojados uno en brazos del otro, por así decirlo.

Era cerca de medianoche cuando por fin llegamos a las calles arboladas del sector alto de la ciudad. Llovía tanto que apenas sí se distinguían las viviendas tras las cercas de hierro. Cuando vi en el terreno de Louis la casa lóbrega y olvidada, disimulada tras los árboles oscuros, pagué al conductor, tomé la valija y nos bajamos con Mojo en medio del diluvio.

Hacía frío, sí, mucho frío, pero no molestaba tanto como el aire gélido de Georgetown, pues el espeso follaje de gigantescas magnolias y pinos parecía alegrar el ambiente, volverlo más soportable. Por otra parte, jamás había contemplado con ojos mortales una vivienda más calamitosa que ese inmenso caserón abandonado que se erigía delante de la oculta choza de Louis.

Mientras me ponía la mano sobre los ojos para repararlos de la lluvia, observé las ventanas negras, vacías, y sentí un miedo irracional de que allí no viviera nadie, miedo de estar yo loco y condenado a permanecer eternamente dentro de ese cuerpo humano.

Mojo dio un salto y pasó al otro lado de la cerca en el mismo instante en que lo hacía yo. Juntos avanzamos por entre el pasto crecido, rodeamos las ruinas del viejo porche y llegamos al jardín. Predominaba en la noche el ruido de la lluvia retumbando en mis mortales oídos, y casi lloré cuando por fin divisé la choza, un armatoste de enredaderas empapadas que surgía ante mis ojos.

Pronuncié el nombre de Louis en fuerte susurro. Aguardé, pero no oí ruido alguno en el interior. Ese lugar daba la impresión de estar por venirse abajo por el deterioro. Lentamente me acerqué a la puerta.

—Louis —volví a articular—. ¡Louis, soy yo, Lestat!

Entré con cuidado, pues había pilas de objetos polvorientos. ¡Imposible ver! Sin embargo, vislumbré el escritorio, la blancura del papel, la vela y una cajita de fósforos a su lado.

Con dedos temblorosos procuré encender un fósforo, cosa que logré al cabo de varios intentos. Por último, lo acerqué al pabilo y una pequeña luz resplandeciente alumbró el sillón de pana roja que era mío, además de otros objetos, viejos y descuidados.

Me inundó un alivio profundo. ¡Había llegado! ¡Podía considerarme casi a salvo! Y no estaba loco. Ese era mi mundo, ¡ese lugar horrible, lleno de cosas! Louis seguramente no se demoraría. Debía estar por venir. Me desplomé sobre el sillón, de puro agotamiento. Acaricié a Mojo, le rasqué la cabeza.

—Llegamos, muchacho —le dije—. Pronto saldremos a perseguir a ese canalla. Ya vamos a ver qué hacemos con él. —Me había puesto de nuevo a temblar; de hecho, sentía la misma congestión en el pecho. —Dios santo, que no me pase otra vez. ¡Louis, por el amor de Dios, regresa! Vuelve ya, dondequiera que estés. Te necesito.

Estaba por buscar en el bolsillo uno de los muchos pañuelos de papel que me había dado Gretchen, cuando advertí una silueta parada a mi izquierda, a escasos centímetros del brazo del sillón, y una mano muy blanca que intentaba alcanzarme. En el mismo instante, Mojo dio un salto, lanzó uno de sus gruñidos más aterradores y quiso abalanzarse sobre esa sombra.

Traté de gritar para darme a conocer, pero no pude ni abrir la boca, pues fui arrojado al piso en medio de los ladridos ensordecedores de Mojo. Una bota de cuero me aplastó con tal fuerza la garganta, los huesos mismos del cuello, que poco faltó para que me los quebrara.

No podía hablar, ni tampoco liberarme. El perro lanzó un lamento penetrante; luego él también se calló de golpe y oí los sonidos apagados que producía su enorme cuerpo al caer. Al sentir su peso sobre mis piernas, me debatí frenéticamente presa de pánico. Toda sensatez me abandonó mientras trataba de aferrar el pie que me tenía sujeto al piso, golpeaba esa fuerte pierna, boqueaba en busca de aire; sólo lograba emitir gemidos inarticulados.

Louis, soy Lestat. Estoy dentro de este cuerpo humano.

El pie apretaba cada vez con más intensidad. Me estaba estrangulando, un poco más y me quebraría los huesos, y yo no podía pronunciar ni una sílaba para salvarme. Vi su rostro en la penumbra, la blancura refulgente de la carne que no parecía ser carne, los huesos primorosamente simétricos, la mano delicada, a medio cerrar, que se cernía en el aire en perfecta actitud de indecisión al tiempo que los ojos hundidos, de un verde incandescente, me miraban desde arriba sin la menor emoción.

Volví a gritar las palabras con toda mi alma, pero ¿acaso él alguna vez pudo adivinar el pensamiento de sus víctimas? ¡Yo sí podía hacerlo; él no! Oh Dios, ayúdame; Gretchen, ayúdame, gritaba mentalmente.

Cuando el pie aumentó la presión quizá por última vez, dejando de lado toda indecisión, giré con esfuerzo la cabeza hacia la derecha, aspiré desfallecido algo de aire y alcancé a pronunciar la palabra "¡Lestat!" al tiempo que con el pulgar me señalaba desesperadamente a mí mismo.

Fue el único gesto que pude hacer. Me estaba asfixiando, y una negrura total se abatió sobre mí. De hecho sentía unas enormes náuseas también, y justo en el instante en que, presa de un agradable mareo, dejé de preocuparme, la presión cedió. Me di vuelta boca abajo y me incorporé apoyándome en las manos, tosiendo sin cesar.

—Por el amor de Dios —clamé, escupiendo las palabras mientras me atragantaba con las inhalaciones de aire—, soy Lestat. ¡Lestat, dentro de este cuerpo! ¿No podías darme la oportunidad de hablar? ¿Matas a cualquier desventurado mortal que por casualidad entre en tu casa? ¿Dónde quedaron las eternas leyes de la hospitalidad, idiota? ¿Por qué diablos no pones rejas en las puertas? —Con esfuerzo me puse de rodillas, y en ese momento me dominaron las náuseas, por lo que vomité una inmundicia de comida podrida sobre el polvo y la mugre; luego reculé, sintiéndome desdichado, con frío, y lo miré desde el piso.

—Mataste al perro, ¿no? ¡Monstruo! —Me abalancé sobre el cuerpo inerte de Mojo. Pero no estaba muerto sino sólo inconsciente, y en el acto sentí los latidos de su corazón. —Gracias a Dios, porque si lo matabas, jamás, jamás te habría perdonado.

Mojo soltó un gemido; movió la mano izquierda y luego despacito la derecha. Le apoyé la mano entre las orejas. Sí, se recuperaba, y estaba ileso. ¡Pero qué experiencia funesta! ¡Haber estado a punto de morir justamente en ese lugar! De nuevo me indigné y miré a Louis con furia.

Qué inmóvil estaba ahí parado, en silencio, perplejo. El ruido de la lluvia, los misteriosos sonidos de la noche invernal... todo pareció esfumarse repentinamente en el instante en que lo miré. Nunca lo había visto con ojos mortales. Jamás había contemplado esa belleza pálida de fantasma. Cuando los mortales posaban en él sus ojos, ¿cómo se les ocurría pensar que fuera un humano? Ah, las manos, semejantes a las de los santos de yeso que cobraban vida en lóbregas cavernas. Y qué desprovisto de sentimiento ese rostro. Los ojos no eran las ventanas del alma sino sólo señuelos de iluminaron semejantes a piedras preciosas.

—Louis, ha ocurrido lo peor. Lo peor.James hizo el cambio, pero se quedo con mi cuerpo y no tiene intención de devolvérmelo.

No advertí en él reacción alguna. En realidad, parecía tan inanimado y amenazador que, de pronto, lancé un torrente de palabras en francés, mencioné todas las imágenes y detalles que pude recordar en mi afán por lograr que me reconociera. Hablé de la última conversación que habíamos mantenido en esa misma casa, del breve encuentro en la catedral, su advertencia de que no debía hablar con James. Le confesé que no había podido resistirme a lo que ese hombre me ofrecía, y que viajé al norte a encontrarme con él, para aceptar su propuesta.

Su rostro desalmado seguía sin denotar nada vital, y me callé de golpe. Mojo trataba de levantarse soltando de tanto en tanto un gemido. Lentamente le pasé el brazo derecho por el cuello, me apoyé contra él luchando por no perder el aliento y traté de tranquilizarlo diciéndole que todo estaba bien, que nos habíamos salvado. Ya no le iba a suceder nada malo.

Louis posó sus ojos en el animal; luego volvió a mirarme a mí. Después noté que se aflojaba un poco el gesto de su boca. Estiró una mano y me hizo levantar, sin mi consentimiento ni mi colaboración.

—De veras eres tú —afirmó con un áspero susurro.

—Maldita sea, claro que soy yo. Y por poco me matas, no sé si te das cuenta. ¿Cuántas veces piensas ejecutar ese truquito tuyo mientras sigan funcionando los relojes de la tierra? ¡Necesito que me ayudes, maldita sea! ¡Y una vez más tratas de matarme! Y ahora, por favor, a ver si cierras alguna persiana que te quede en estas ventanas de porquería, y enciendes algún fuego en esta miserable chimenea.

Volví a desplomarme en mi sillón de pana roja con la respiración aún forzada, cuando un extraño ruido a lengüetazos me distrajo. Levanté los ojos. Louis no se había movido; más aún, me miraba como si me considerara un monstruo. Pero Mojo estaba pacientemente lamiendo mi vómito del piso.

Lancé una carcajada divertida que amenazó con convertirse en ataque de histeria.

—Por favor, Louis, enciende el fuego —le pedí—. Me estoy congelando en este cuerpo mortal. ¡Apresúrate!

—Dios mío —musitó—. ¡Qué has hecho ahora!

Tags: cuentos

servido por arrazola67 9 comentarios compártelo

9 comentarios · Escribe aquí tu comentario

kpruza

kpruza dijo

Oh my Goddddddddddddd, lo volveré a releer para entender bien.
saludillos

5 Julio 2007 | 05:57 AM

Víctor Piñero Plaza

Víctor Piñero Plaza dijo

Me encanta el texto, lo que odio es tu musica!!! Como que no va conel estilo! Duh! pero deberias escribir profesionalmente, si es que no lo haces ya. Eres muy bueno.

En cuanto a lo de la musica te recomiendo algo como Simpathy Fir The Devil de los Rolling Stones o Porcelain de Moby, o Eden de Sarah brightman o Bittersweet Simphony de The Verve....
Ciao!

5 Julio 2007 | 06:23 AM

xikita

xikita dijo

esto es una novela x fasciculos en toda regla!!! quiero el siguiente ya!! toy enganxaisima.Q susto..crei q se moria el perro..ufff

5 Julio 2007 | 09:12 AM

jezabel-21

jezabel-21 dijo

Como te prometí lo comento, por un momento pensé que no se salvaría pero casi me matas del disgusto pense que el perro estaba muerto como a nuestro querido louis gustaba de presas animales..., no sé si ha cambiado eso, pero realmente me ha gustado mucho un beso rojo y dulce

5 Julio 2007 | 12:09 PM

oncedeenero

oncedeenero dijo

Luisssssssssssssssssssssssss

Pobrecito Mojo.... Me asustaste!!!!!!!!!

Por favor, dale VIDA HUMANA definitivamente a Lestast....No soporto verlo sufrir como un vampiro! Es...demasiado

Besito TRANSPARENTE

6 Julio 2007 | 12:14 PM

Ara Laide

Ara Laide dijo

Oh adoro a Lestat *o*
él y sus diabluras, y Louis siempore tan preocupado de lo que está haciendo el diablillo por ahí por eso para mi es perfecto

Escribes muy bien
Baisers vampiricos Vampiro Luis!

Au Revoir

7 Julio 2007 | 12:23 AM

Anyrka

Anyrka dijo

Ahhhh, querido vampiro! Tanto tiempo.
Ahora me he puesto al día y en serio está interesantísimo, pero es que siempre me dejas en el suspenso, pues!!!

Lo que sí, le encuentro toda la razon al amigo ahí, eh? La musica como que no pega mucho, jaja.
Estaría bien para otro tipo de cosas, pero así como para ambientar la cosa, mala idea. A menos, claro, k nuestro protagonista se ponga vacilón, jaja, pero lo dudo, no?

Bueno, Luis Felipe =) Estamos en contacto,
Muak!!!!

9 Julio 2007 | 01:57 AM

Luis Felipe Arrazola

Luis Felipe Arrazola dijo

Complacidos,ahora me gustaria saber sus opiniones sobre los nuevos musicales alegoricos al tema vampiro.

Son 54 canciones de vampiros.

Besos Vampiricos

9 Julio 2007 | 08:54 AM

HETEROFLEXIBLE

HETEROFLEXIBLE dijo

como siempre tu escrito fasinante y tu musica siempre la escucho mientras leo tus historias y lo que yo escucho ahi esta padre claro me falta mucho por escuchar pero poco a poco besos ............

10 Julio 2007 | 02:01 AM

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