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Terra
La Coctelera

Categoría: Poesias Nocturna

Poesias Nocturna

Si Quieres
Si quieres que te enseñe el día en la noche
si quieres que te enseñe la vida eterna
si quieres sobrevolar los miedos
ven a mí y tócame.
Si quieres ver en invierno flores
si quieres caminar sobre el agua
si quieres que la vida tenga sentido
ven a mí y tócame.
Si quieres saber los secretos
si quieres ser amante eterna
si quieres que tus ojos vean en la oscuridad
ven a mí y no digas nada
deja que te guíe
deja que el tiempo se detenga
deja que lea dentro de ti.
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Oscuro heraldo de negras alas
tu aliento huele a azufre
y tu boca negra que besa mi cuello
no son nuevas para mi,
no creas que mi alma es gratis,no...
fatua es tu mirada compasiva,
ya que en tu ser de muerte
no existe el sentimiento

Angel de la muerte
muerto estoy en vida por ti
dejame vivir,vete ya
dile a tu Ama la verdad
dile que venga a hablar conmigo,
y resolveremos las diferencias...
ningun angel oscuro tomara mi alma
nunca,nunca mas...

Angel de la Muerte
El significado de el Dolor
ha sido solo conocerte...

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Soledad, amante de beso frio,
la mas fiel de mis amigas,
siempre atenta en mi olvido,
y aunque te odie, te necesito.

Soledad, que matas mis sueños,
que enturbias mi pensamiento,
que llenas mi alma de veneno,
amante celosa de mi cuerpo.

Ella me habla de la luna,
me dice que jamas llegare a ella,
y yo lloro, me abraza,
pero en mi ya estas, y no me dejaras.

Soledad, me hace el amor,
me besa, me acaricia,
me llena,
pero, me siento vacio...

Te odio, y te necesito,
te rechazo, escapo,
pero cuando necesito, una amiga,
me hallo a tu lado.

EL CUERVO

Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”

¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Señor —dije— o señora, en verdad vuestro perdón
imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
“Ciertamente —me dije—, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.

Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha —le dije—,
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: “Nunca más.”

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”

Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
“sin duda —pensé—, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de ‘Nunca, nunca más’.”

Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir granzando: “Nunca más.”

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!

Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
“¡Miserable —dije—, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta!” —exclamé—, ¡cosa diabolica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta! —exclamé—, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! —le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!

UNA POESIA

UNA POESIA

Los leones que rugen sus alevosías, las bestias de la Roma sumergida, los canales riachuelos de sangre, entrando al vértigo de la oscuridad...

El licor de la muerte, un preludio un inicio a un cariño, una ternura naciente del corazón, entre tanta soledad jamás sentí eso... Los crueles y los injustos, mataron mis sueños y desgarres, la noche cayó en mis ojos, y tú estabas a mi lado...

Tu cuerpo desnudo tallado, delicada mente como una porcelana, intacta permaneces e inmóvil, mientras duermes y sueñas, yo te cuido y te beso, te abrazo y descansas respirando, el mismo aire...

La sinceridad espontánea es tu creencia y argumento perdón y disculpa mis ignorancias es hora de partir.

VAMPIRO

VAMPIRO

Viejos tiempos, atmósferas cargadas con recuerdos inexistentes perdidos en un rincón de mi lánguido vivir. Aquí me encuentro existiendo sin existir, sentado en el sofá polvoriento de una casa derruida que antes tuvo una añeja alcurnia y hoy solo es mendicidad y ruina.

Mi ropaje es de encaje devorado por polillas el cual se confunde con el suelo plagado de telarañas que casi llegan a mi pálido rostro de ojos sin luz

Sólo sé que afuera hay un invierno eterno con gotas que caen furiosas golpeando el ventanal roto, y ya no quedan almas que deambulen por las mañanas pues todos se han ido abandonándome en mi insania mental

Es cuando me pregunto si hay maldad en mi...

No lo creo así, malvados fueron los humanos que nunca escucharon mi voz y me observaban riendo con expresión burlona cuando decía que encontrándome en la impenetrable oscuridad de la noche un ser maligno con largas uñas y encanto embriagador quitaba poco a poco de mi el suspiro de la vida

Un vampiro secaba las venas de mi cuerpo apagando la claridad y haciendo de la luna la única luz que no daña mis ojos, viniendo hacia mi con la brisa nocturna a satisfacer su sed de eternidad, condenándome a esta vida desgarradora en que todos se han ido por mi causa al descanso en el patio de cruces y silencio infinito dejándome en este lugar en que estoy secándome minuto a minuto

Desde aquella vez cuando me entregué ciego al misterio que me ofrecía lo oculto y hoy, siendo uno más de ellos sigo aquí en la absoluta nada aguardando el ocaso que me lleve nuevamente hacia ella.

EL VALS DE LOS INOCENTES

EL VALS DE LOS INOCENTES

María sufrió abusos sexuales por su propio padre desde los 12 años desde entonces no soporta que la toquen no conocerá nunca el amor, una pena. Cada día se levanta, se mira al espejo y observa desconsolada las cicatrices de un cuerpo destrozado por abortos, palizas, abusos, quemaduras e insultos.

Míralos en la noche bailar el vals de los inocentes con la protección de la luz de la luna mueven sus figuras a un ritmo pausado marcado por Dios perdidos en un mar de sombras y con sólo una pregunta en mente: ¿Por qué Dios es tan macabro?

José nació con una malformación en su cara basta mirar sus ojos para comprender lo que un hombre puede llegar a sufrir por ser distinto.

Una infancia llena de hospitales un joven ignorado y repudiado un hombre que vive solo y que sabe que nadie cambiará.

Míralos en al noche bailar el vals de los inocentes con la protección de la luz de la luna mueven sus figuras a un ritmo pausado marcado por Dios perdidos en un mar de sombras y con sólo una pregunta en mente: ¿Por qué Dios es tan macabro?

CONSEJO MORTAL

CONSEJO MORTAL

Las cartas estaban echadas desde tiempo atrás. Siempre supe que no llegaría muy lejos. Las brujas me lo insinuaron con terror: "La muerte me vendría a visitar". Una noche negra, sin estrellas, ni luna. Mirándome desnudo al espejo. Noto el roce del acero sobre mi cuello. Cierro los ojos con fuerza, me excito.

Una mano fría me acaricia. No me atrevo a mirar. Mi corazón late y late. No siento la respiración.

Un filo metálico se desliza por mi cuerpo. Haciendo pequeños círculos de arriba a abajo. Paralizado, sumido en el placer. Me pone su mano en la boca, la beso.

El péndulo marca las doce. Espero ansioso el desenlace. Ya había olvidado todas mis ataduras cotidianas. Deseando iniciar mi último viaje.

Cuando, de pronto, tras darme dos suaves palmadas en los carrillos. La figura se separa de mí lenta y silenciosamente. Mientras una voz femenina, ya distante, me dice... "No vuelvas a usar los anti depresivos".

LACRIMOSA

LACRIMOSA

Como ave herida agito mis brazos hacia el orificio por donde huye la niebla, como ave herida grito el compás de tu nombre a la sorda tempestad, donde mis movimientos son agonía, ruego y pasión. Como ave herida caigo entre plumas ensangrentadas que mi danza esparce en círculos, muertas como nieve que cae a nuestro alrededor; como ave herida escucho el último canto de mi muerte, como el buitre extiende su pestilencia sobre nosotros, sobre la sala o catedral que acoge este roto baile, Como ave herida me alzo, te miro a los ojos y canto al morir.

Llora mi ángel de la guarda

Llora mi ángel de la guarda

Llora mi ángel de la guarda al verme tragar cristales rotos. Caen sus alas sobre mi sueño cumpliendo la promesa que hizo al yo nacer, ese ángel de la guarda que fue humano un día y que me sigue en mi angosto caminar se arranca plumas al yo pasar suavizando mi condena. Latigazos de locura afligen estas carnes ya reblandecidas pero en sueños mi ángel me cura y consuela sin casi plumas que soltar. Me arranco las uñas con saña y mi ángel me enseña sus dedos ensangrentados. Me clavo alfileres en los ojos y mi ángel no puede verme. Me muerdo la lengua hasta arrancarla y mi ángel de la guarda llora....... Llora mi ángel de la guarda al verme tragar cristales rotos, llora mi ángel que soy yo mismo llorando sobre mi ángel.

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